Con toda intención pusieron a Dios a prueba y le exigieron comida a su antojo, murmuraron contra Dios, y aun dijeron: ¿Podrá Dios tendernos una mesa en el desierto? Cuando golpeó la roca, el agua brotó en torrentes; pero, ¿podrá también darnos de comer? ¿Podrá proveerle carne a su pueblo? Cuando el Señor oyó esto, se puso muy furioso: su enojo se encendió contra Jacob, y su ira ardió contra Israel Porque no confiaron en Dios, ni creyeron que él los salvaría. (Salmos 78:18-22)

Me he topado con un tipo de personas que dicen que creen en Dios, todas tienen el mismo patrón: creen que Dios dejo la Biblia escrita de una forma extraña en la que sólo los escogidos pueden darle la interpretación correcta, poniendo esto como el ideal pretexto para ni siquiera hacer el intento de tomarla y hojearla un poco, o la ven como un libro de adivinos en el que se hace una pregunta, se abren sus páginas, y donde se ponga el dedo está la respuesta celestial a como deben conducirse.

Cuando están en problemas es cuando acuden a los brazos de su Creador pidiendo su favor, sin olvidar, claro, el legendario “Diosito, si me sacas de esta yo…” y es aquí donde el juego del regateo empieza a todo lo que da, y prometen y prometen cosas, que, solo si se cumple su deseo, olvidan realizar cometiendo el terrible error de pensar que pudieron enredar a Dios con sus muy astutas palabrerías.

Si de plano el problema está realmente grueso, desarrollan un interés especial por las personas más espirituales que conocen, pidiéndoles oración con la típica frase: “Usted que está más cerquita de Dios …”

Si después de todo esto, no les llega el milagrito, se decide echarle a Dios una ayudadita acudiendo derechito a que les hagan una limpia, una lectura de cartas, una leída de manos, el café, el tarot, el horóscopo, una adivinadita, en las cuales invariablemente aparecen: el moreno, el güero, la mujer, las envidias, el mal de ojo, el ajo, las sales, el huevo, la sacudidita con hierbitas… a la casa con el santo y a echarle agua bendita.

El problema con la persona que cree que cree en Dios, es que piensa, invariablemente del problema, que Dios, el Único, Sabio, Omnipresente, Omnisciente, Todo poderoso Creador, necesita una manita o recibir algo a cambio, o verlo a usted flagelado cumpliendo lo pactado, para darle lo anhelado.

No digo que usted sea este tipo de creyente, claro que no, pero si por alguna extraña razón se encuentra reflejado en algún ejemplo anterior o se acuerda del hermano de la amiga, de la vecina de doña Chuchita, quizá le haga bien seguir leyendo.

Dios envió a su Hijo y Él ya todo lo hizo, no hay nada, absolutamente nada intercambiable que pueda ganarle su favor porque al que cree en Cristo ya se lo otorgó. Deje de engañarse, el Buen Libro nos dice que los pensamientos de Dios no son los nuestros, no queramos decirle qué camino es el mejor, nuestra opinión esta comprometida a lo que desea nuestro corazón y el corazón del hombre es engañoso, (Jeremías 17:9) El corazón del hombre piensa su camino, mas el Señor endereza sus pasos (Prov. 16:9) No cometamos la tontería de creer que las cosas a nuestra manera son correctas, no seamos como aquellos Israelitas que exigieron lo que bien les parecía provocando a ira a nuestro Creador.

Deje de creer que cree y comprométase de hoy en adelante a conocer verdaderamente a Dios.

Julio 5, 2014 | Aimeé Pérez

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