“¡Qué Dios te bendiga!”, “Dios te ayude”, “pídeselo a Dios y verás que todo sale bien”, “pídanle mucho a diosito por mi abuelita”… son frases que escuchamos con demasiada frecuencia. Sabemos que Dios está allí, que escucha nuestras oraciones, que tiene control de todo lo que sucede y que tiene el poder para cambiar nuestras circunstancias, pero nunca nos acordamos de Él a menos que estemos en serios problemas, enfermedad o una gran necesidad.

Cuando nos interesa una persona la buscamos, le hablamos, nos comunicamos y procuramos alimentar la relación. Sería impensable dejarle de hablar a nuestra esposa o a nuestros hijos. Sería difícil mantener una relación a distancia con una persona si no le escribimos periódicamente, si no le regresamos las llamadas telefónicas o si los ignoramos en el Facebook. Lo mismo sucede con Dios. Nos negamos a comunicarnos con Él, no queremos leer esa maravillosa carta de amor del Padre que nos dejó en las páginas de la Biblia, nos mantenemos ignorantes de sus deseos.

Resulta muy interesante el reproche de Jesús. Dice Mateo 7 que en aquel día muchos llegarán ante la presencia del Señor y le dirán “Señor hicimos esto y aquello, en tu nombre hicimos muchos milagros”… pero la respuesta de Jesús es muy dura y muy puntual. Jesús les dice “Nunca los conocí”. El reproche de Dios es que no los conoció.

Creo que es tiempo de que busquemos reconciliarnos con Dios, de buscar conocerle tal cual es, de acercarnos a Él y leer acerca de Él para poder entender sus caminos y lo que ese Dios todo poderoso y creador de todo cuanto hay espera de cada uno de nosotros. Dios mismo ha prometido que quien se acerca a Él y le busca de todo su corazón le encontrará.


Diciembre 16, 2014 | Jorge A. Salazar

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