La oración no está hecha para que Dios pueda enterarse de lo que necesitamos, Porque Jesús nos dice: “Su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan” (Mt 6: 8). Dios quiere que oremos porque la oración expresa nuestra confianza en Dios y es un medio por el cual nuestra confianza en él puede aumentar.

De hecho, tal vez el énfasis primordial de la enseñanza de la Biblia sobre la oración es que debemos orar con fe, lo que quiere decir confianza o dependencia en Dios.

Dios, como nuestro Creador, se deleita en que confiemos en él cómo sus criaturas, porque una actitud de dependencia es la más apropiada para las relaciones entre el Creador y la criatura. Orar en humilde dependencia también indica que estamos genuinamente convencidos de la sabiduría, amor, bondad y poder de Dios, y ciertamente de todos los atributos que forman su excelente carácter.

Cuando oramos verdaderamente, como personas, en la totalidad de nuestro carácter, nos relacionamos a Dios como persona, en la totalidad de su carácter. Por tanto, todo lo que pensamos o sentimos en cuanto a Dios se vuelve expresión en nuestra oración. Es solo natural que Dios se deleite en tal actividad y ponga tanto énfasis en ella en su relación con nosotros.

Las primeras palabras del Padre Nuestro: “Padre nuestro que estás en el cielo” (Mt 6: 9), reconocen nuestra dependencia en Dios como Padre amante y sabio, y también reconoce que él lo gobierna todo desde su trono celestial.

La Biblia muchas veces enfatiza la necesidad que tenemos de confiar en Dios al orar. Por ejemplo, Jesús compara nuestra oración con un hijo que pide a su padre un pescado o un huevo (Lc 11: 9-12) y luego concluye: “Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!” (Lc 11:13). Así como los hijos esperan que sus padres provean para ellos, Dios espera que miremos a él en oración.

Puesto que Dios es nuestro Padre, debemos pedirle con fe. Jesús dice: “Si ustedes creen, recibirán todo lo que pidan en oración” (Mt 21: 22; Mr 11: 24; Stg 1: 6-8; 5: 14-15).

Pero Dios no sólo quiere que confiemos en él. También quiere que le amemos y tengamos comunión con él. Esto, entonces, es una segunda razón por la que Dios quiere que oremos: la oración nos lleva a una comunión más honda con Dios, y a Él le encanta y se deleita en nuestra comunión con él.

Una tercera razón por la que Dios quiere que oremos es que en la oración Dios nos permite, como criaturas, participar en actividades que son de importancia eterna. Cuando oramos, la obra del reino avanza. De esta manera, la oración nos da la oportunidad de intervenir de una manera significativa en la obra del reino, y así dar expresión a nuestra grandeza como criaturas hechas a imagen de Dios.

Enero 23, 2015 | W. Grudem

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