El año pasado tuve la oportunidad de ir al Amazonas peruano y compartir una semana maravillosa con los hermanos y hermanas de la selva así como un grupo de pastores y líderes de diferentes países que año con año van a brindar capacitación en la Palabra de Dios, oración y ayuda a quienes habitan aquella región del mundo.

Las familias que habitan la selva son diferentes tribus con costumbres y leyes no escritas que observan desde hace cientos o miles de años. Algunas de sus prácticas ancestrales son el cobrar vida por vida. El año pasado me contaron la historia en una de las aldeas en las que unos niños jugaban junto al río y uno de ellos accidentalmente empujó a otro pequeñito que murió ahogado. Cuando el padre del niño fallecido supo quien lo había empujado, tomó al niñito "culpable" y lo ahogó. Esa es la norma en aquella tribu.

Las buenas noticias son que en los lugares donde el Evangelio ha traído Su luz las cosas han cambiado. Poco a poco el Señor ha ido transformando comunidades enteras y cada vez más personas conocen el amor de Dios y su impresionante gracia y misericordia. Conforme sus necesidades espirituales van siendo suplidas, pedimos al Señor que igualmente provea y atienda las necesidades físicas de aquellos que son parte de nuestra familia al sur del ecuador.

Oremos por nuestros hermanos de la selva, que el Señor traiga la verdad de Su Palabra. Oremos por los misioneros que Dios ha enviado a discipular y ofrecer ayuda, oremos por todos aquellos que sacrifican sus vidas, sus recursos, su tiempo y dedicación para llevar las buenas nuevas del reino de Dios al Amazonas.

Febrero 10, 2015 | Jorge A. Salazar

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