"Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?" 1 Samuel 1:8

El relato de Ana, la madre de Samuel, al principio del libro de Samuel nos brinda grandes lecciones para nuestra vida mientras hace resonar una importante verdad. Ana no podía tener hijos y eso le había llevado a una gran tristeza y depresión. Era tal su congoja que había dejado de comer y había comenzado a ver toda su vida a través de los lentes de su problema.

El problema de Ana, como el de muchos de nosotros, es que nos concentramos tanto en nuestra situación que dejamos de reconocer las evidencias de la gracia de Dios. Ana tenía un esposo que la amaba al grado de mostrar su preocupación por ella en un tiempo y en una cultura donde la mujer era poco menos que un objeto. En medio de la fiesta familiar ella recibía la mejor porción, vivía en una familia privilegiada (posiblemente sin problemas económicos), era parte del pueblo escogido de Dios... pero Ana sólo podía ver su necesidad y su problema.

Cuando leo este versículo en particular me pregunto qué es lo que cada uno de nosotros podríamos poner en lugar de los “diez hijos” cuando estamos tristes y angustiados si Dios nos preguntara: ¿No te soy yo mejor que_______________?

Quizás debamos hacer lo mismo que Ana y llevar nuestras angustias delante de Dios. Reordenar nuestras prioridades en oración y dejar de enfocarnos en nosotros mismos y comenzar a ver lo que Dios quiere hacer en respuesta a una oración de fe.


Agosto 5, 2015 | Jorge A. Salazar

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