No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. (Lucas 12:32)

Una y otra vez la Biblia nos invita a cambiar de perspectiva. Nos dice que hemos adquirido una nueva ciudadanía, que somos embajadores y ciudadanos de los cielos, que estamos en esta tierra de paso y que nuestro destino final es mucho mejor y mayor que cualquier cosa a la que nuestro corazón se aferre en esta vida. Pero lo que me impacta de las Palabras del Señor en Lucas 12:32 es su ternura y la gran afirmación que hace: Dios nos ha dado el reino.

Su ternura porque aunque Jesús estaba hablando a una multitud de millares de personas (v. 1) y cualquier seguidor allí habría pensado “¡somos una gran multitud!”, el Señor les dice “no temaís, manada pequeña”... ¡Cómo nos conoce el Señor! Estamos llenos de temores, de inseguridades, de ansiedad y miedos que generalmente nos impulsan a reacciones equivocadas. Pero Él nos dice, no temas pequeño, no temas pequeñita, porque a Dios, que es tu Padre, le ha placido darte el reino.

No sólo nos dice que Dios nos ha dado el reino, lo cuál es una gran afirmación, sino que nos dice que es ¡nuestro Padre! Unos versículos atrás Jesús preguntaría “¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?”. Y ahora nos dice que Dios es nuestro Padre y que le ha placido darnos, no algunas cosas del reino, sino ¡todo el reino!

Me gustaría que meditaras en las Palabras del Señor y la realidad de quien Dios es. Estoy seguro que tus temores se desvanecerán si aprendes a depositar tu confianza en Aquel que una y otra vez te ha dicho: no temas. Recuerda que Él mismo dijo que “aun los cabellos de tu cabeza están todos contados, no temas, pues; más vales tú que muchos pajarillos”.

Dios te bendiga,

Sábado 26 de Septiembre, 2015 | Jorge A. Salazar

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