¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.
Mateo 7:5


Desde que era pequeña recuerdo haber escuchado en más de una ocasión comentar a los abuelos sobre “la terrible juventud de hoy en día”. Después, más joven, escuchaba comentarios parecidos en los adultos quejándose de que los chicos no respetaban a las autoridades, de que en su época por menos su padre le hubiera propinado una tremenda golpiza. De que en otros tiempos ni si quiera se les hubiera ocurrido… Y así, seguimos y seguimos con la historia.

El otro día me encontré a mi misma pensando justamente lo mismo que mis abuelos pero unos 80 años después; eso me lleva a pensar lo peor, que me estoy haciendo vieja, que la experiencia, la edad y el tiempo están empezando a hacerse presentes en mi vida… mmmm no! me rehusé a apapachar ese sentimentalismo menstrual a mis 33 años, pero me tope con un nuevo dilema, negar lo que pienso que ocurre no es una opción ya que es evidente que en cada generación se van perdiendo grandes cualidades de la que le precede. Entonces debo dejar en claro que es verdad, algo esta ocurriendo y que mi bisabuelo, abuelo, padres y ahora yo, tenemos razón en lo que hemos venido diciendo, la juventud se esta perdiendo.

Doy clases a los chicos de la iglesia entre 12-17 años más o menos. Las anécdotas que escucho, en la mayoría son aterradoras como, “mi amiga, la lesbiana se prostituye para sacar dinero y poderse drogar”. No sé si entiende lo aterrador de esta frase pero teniendo hijos, estoy segura de que su mente se quedo en las dos primeras palabras… MI AMIGA…

Es precisamente este tipo de “amistades” a la que la mayoría de nuestros jóvenes están expuestos y ¿nosotros qué hacemos? ¿Les prohibimos la amistad? ¿Nos enteramos por lo menos de que patita cojean los amigos de nuestros hijos? ¿Y nuestros hijos? ¿creemos, pero en realidad qué tanto sabemos acerca de ellos? Porque se me hace no solo injusto sino inaceptable que seamos solo jueces y no tomar parte en absoluto de lo que estamos viviendo.

No podemos condenar y juzgar a personas en la etapa de la juventud, donde se es 100% influenciable por cualquier tipo de moda, amigos, etc, como no se puede juzgar a un niño, a quien se le deja solo, ¡por tirarse a la piscina sin saber nadar! Ahora, no me mal entiendan, con esto no estoy proponiendo que los excluyamos de la responsabilidad de sus actos y les adornemos sus consecuencias, de ninguna manera, lo que estoy tratando de decir es que no debemos darnos el lujo de sentarnos a etiquetar como desobligados, irresponsables, parranderos, holgazanes, a quienes se les ha permitido hacer lo que quieran. Porque si bien es cierto que la mayoría de los jóvenes responsables de la época de mis padres, tenían padres y madres presentes y exigentes, también es cierto que el padre de ahora esta más ocupado, pasa menos tiempo en casa y ni que se diga de enseñarle algún oficio o dedicarle tiempo al hijo; no hay tiempo, ni dinero, no alcanza, la colegiatura, los zapatos, la renta, los carros, las deudas, las tarjetas...

“Quieres escuela, i-pod, ropa, dinero, salidas, x box, la última loción o vestido que este de moda?…. Todo cuesta hijito, a mi me cuesta trabajo y tiempo, y a ti, que no aprecias, como me gustaría, todo lo que se hace para ti, solo te cuesta verme poco, y al hacerlo verme cansado, tal vez te parezca enojado, pero no confundas estoy solo cansado y aparento estar molesto para que se me deje descansar tranquilamente, ¡caray! Como padre he cumplido, te he dado todo cuanto he podido... Pasarás tu niñez y adolescencia sin casi ninguna frustración. Tus amigos pensaran que tienes una buena vida, una linda familia, aprendiendo que, aunque me endeude y casi nunca este contigo, tu padre ha hecho todo lo que ha podido y con ello se ha unido a los estándares de los padres esforzados. Por mi parte yo aprenderé a dormir con ese sentimiento de que ya estas creciendo, y te me estas yendo entre los dedos, y que un día más tendré que dejar para después el jugar o simplemente platicar contigo. Quizá al paso de los años seamos dos desconocidos, y tu un hijo muy poco agradecido que sólo ha aprendido lo que le he enseñado: que las posesiones y las posiciones son más importantes que las relaciones y tristemente te vea hacer a ti lo mismo y entonces, ya viejo me pregunte ¿Cómo fue que nos vendieron la tonta idea de que tener 10 vestidos, 8 pares de zapatos, el último i-pod, carro de lujo es lo mejor y lo máximo que podemos aspirar en esta vida, si cuando muramos lo único que querremos es fallecer con nuestros seres queridos, con o sin zapatos, en casa u hospital, con o sin celular, pero a un lado de ellos, los que importan, los que fuimos aprendiendo, por ciegos a dejar en segundo plano!”

Por el otro lado, tenemos a la madre, que ha comprado la idea de que debe liberarse para realizarse, buscando entonces fuera de casa un trabajo que le aporte lo que “ella necesita” generalmente disfrazado tras la frase “es que con lo que gana mi marido no nos alcanza… Tengo que ayudar, aportar algo a la casa”. Y mientras tanto el hijo, bien gracias, al cuidado de la nana, la guardería, la abuela, el play station, el amigo, la televisión o… “es que es bien tranquilito, vieras, ni se mueve, pasa el día entero en la computadora, el Internet, Facebook, todas esas maravillas, es tan bien portadito, tan centrado mi muchachito… ¿Mal uso de la computadora? No como crees, en la escuela les han en enseñado a navegar por sitios seguros! ¿Juegos muy violentos? ¡Ay por favor hoy en día que chico no juega juegos de guerra! A demás un poco de sangre no lo hará un asesino! ¿Pornografía? Ay no, ni pensarlo, mi muchachita es toda una señorita, sabe perfectamente que no puede entrar a esa clase de sitios. Y al muchacho le instalamos una especie de filtro”.

Y así podemos irnos, y si observamos un poco a detalle nos encontraremos con casos disfrazados en los que los padres inventan excusas, o “buenas razones” que los hacen no hacerse cargo de sus hijos.

Sin embargo también encontramos los casos un poco mas descarados como
El caso de La niña de 12 años que quiere ir el domingo a las 11:00 a la iglesia, la mamá no la lleva por que no se despierta “temprano” para llevarla ya que se fue de parranda y no regreso hasta que termino la fiesta. La niña no dice nada pero todo lo observa, aprende a administrar su tiempo donde según mami, vale la pena. O como los jovencitos de 15 que salen de fiesta y aun no saben que por quedar bien más de tres se te suben a la cabeza, 9 meses después su padre no le dirigirá la palabra nunca más a ella y el muchacho se lamentará y cuestionara toda su vida dónde estaban papá y mamá si aun era un puberto, un mocoso en plena adolescencia!

Lo que estoy reflexionando con todo esto, tristemente, es que simplemente es imposible que no se pierda la juventud si los adultos, mamá, papá, maestros, nos estamos perdiendo.

¿Queremos parar tanta delincuencia? Empecemos en casa, ¡es un crimen ignorar a tu hijo en aras de la independencia!
¿Queremos muchachos maduros y responsables? No les expongamos a llevar una carga que no pueden cargar. Son como caballos desbocados que saldrán corriendo si se les abre un poquito la puerta. ¿Queremos chicos humanamente sensibles? Seamos sensiblemente humanos y no les enseñemos que es necesario tener lo mismo o más que el de a un lado, para valer algo. Encontremos el sentido común que hemos estado perdiendo. No habrá jamás un cambio ni en nuestra juventud, ni en nuestra familia, si no empezamos a quitar la viga de nuestro ojo.

Julio 12, 2014 (Escrito originalmente en Abril del 2012) | Aimeé Pérez

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