Casi todas las personas siempre queremos un poquito más de dinero. Puede que una persona tenga todo lo suficiente para vivir bien, realizar sus actividades y hasta disfrutar de esta vida que Dios le ha dado, pero invariablemente “si pudiera tener un poquitito más estaría más contento”.

Me pregunto si ese afán de tener más es provocado por el mundo a nuestro alrededor. Por los anuncios espectaculares, los comerciales en la radio o la televisión, las revistas o la ideología del cine que nos dice que mientras más tenemos más valemos, que seremos más populares si usamos ropa de alguna marca en particular o mejor aceptados si sabemos usar los últimos inventos tecnológicos.

Hace algunos años escuche a un hombre decir que su sueño era tener un perro Golden Retriever al que llevaría a correr a la playa con un paliacate rojo al cuello, mientras él, su amo, corría al lado sin playera exhibiendo su marcado pectoral atlético. ¿Le pregunté que de dónde había sacado semejante idea? “no sé” me dijo, “¡pero se vería bien!”.

¿Cuántas cosas hacemos por cómo “se vería”, para que la gente se sorprenda de nosotros o sencillamente para que vean lo exitosos que somos?

A veces me pregunto si nosotros viviéramos en la selva o en una montaña alejada de la “civilización”, si querríamos las mismas cosas que anhelamos ahora. ¿De qué me servirían entonces los lentes de sol de marca exótica? ¿la bolsa de diseñador? ¿Los zapatos de piel que cuestan casi toda la quincena?

Creo que tenemos nuestras prioridades volteadas y hemos caído en el juego del mundo. ¡Pero nosotros hemos sido puestos aquí para mostrar a este mundo las verdaderas riquezas! Por eso dice Pablo “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento”.

¡Busquemos el tesoro del cielo!
19 de Abril, 2016 | Jorge A. Salazar

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