Hay dos cosas importantes de destacar cuando escuchamos esta pregunta. La primera es la actitud de nuestro corazón; si me incomoda dar un porcentaje de “mi dinero” a Dios, que me lo da todo, hay un serio problema. El grave problema es que tenemos al dinero o a nuestras posesiones en mayor estima que a Dios mismo y eso nunca debe ser. Mentimos si le decimos a Dios que le entregamos nuestra vida, nuestro tiempo y todo lo que somos y no podemos darle un poco de lo mucho que nos da.

Tenemos que entender que Dios no necesita nada de nosotros. El es dueño de todo. El asunto del diezmo es algo por nuestro beneficio y para enseñarnos sumisión, dependencia y mostrar entrega y amor a Dios.

La segunda cosa que quiero destacar es que los diezmos y ofrendas son para la obra de Dios y las necesidades de los creyentes. No quiere decir que el diezmo sea para el pastor, sino para la obra del reino de Dios. Lo que yo siempre recomiendo a las iglesias es que se forme un comité de administración integrado por hombres y mujeres con las características de los ancianos y diáconos delineadas en la Biblia. Se fije un sueldo decoroso al pastor o pastores y a quienes necesitan estar de tiempo completo en el ministerio y se den informes periódicos de las finanzas de la iglesia a toda la congregación. Esto ayuda a tener buen testimonio delante de los incrédulos, a que la iglesia conozca las dificultades económicas y dar credibilidad a la predicación cuando los pastores no tienen relación directa con las finanzas de la iglesia.

Básicamente el diezmo es la décima parte de todo lo que recibimos. Se lo damos a Dios en obediencia y en adoración. Desde el principio siempre se le ha dado a Dios ofrendas y diezmos en gratitud por su provisión, su misericordia y su gracia aunque no fue obligatorio hasta el tiempo de Moisés y la llegada de la ley.

Cuando el diezmo se incluyó en la ley la obligación era traer el diezmo de todo fruto de la tierra y animales a los levitas quienes estaban dedicados por completo al servicio del Señor y vivían de los diezmos. Los levitas a su vez daban el diezmo de los diezmos a los sacerdotes.

Otro uso que se le daba al diezmo en el Antiguo Testamento era para ayudar al “extranjero, al huérfano y a la viuda”.

Cuando la gente no cumplía con el mandamiento del diezmo era considerado como un robo a Dios, mientras que Dios mismo prometió recompensar al obediente abriendo las ventanas de los cielos y derramando bendición hasta que sobreabunde, reprendiendo al devorador y haciendo fructífera y fértil nuestra tierra.

En el Nuevo Testamento los fariseos daban su diezmo hasta de las especias, lo cual era encomiable, sin embargo Jesús los reprendió por lo vacío de su ofrenda; sí cumplían con el diezmo pero no con la justicia, la misericordia y la fe.

Los creyentes del Nuevo Testamento superaban la práctica del diezmo ya que no lo hacían por imposición sino por gratitud y con alegría. Las primeras iglesias ofrendaban de manera extremadamente generosa para suplir las necesidades de todos los hermanos.

Referencias usadas de la Biblia:
Gn. 14:20; Gn. 28:22; Lv. 27:30; Nm. 18:24; Nm. 18:26; Dt. 26:12; Lv. 27:31; Lv. 27:33; Dt. 14:22–29; Mal. 3:8; Mt. 23:23; 2 Co. 9:7; Hch. 2:45; 4:34–37.

Abril 23, 2016 (Originalmente publicado en Junio de 2012) | Jorge A. Salazar

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