En realidad estoy hablando de la inerrancia de las Escrituras. Mientras que la infalibilidad de las Escrituras afirma que la Biblia no puede cometer errores, la inerrancia de las Escrituras afirma que la Biblia no contiene errores. Una definición de la inerrancia sería algo así: "La inerrancia de las Escrituras significa que los autógrafos originales no afirman nada contrario a la verdad" (Grudem, Systematic Theology, p. 90).

Algunas personas dirán que podemos confiar en la Biblia aún cuando contenga errores "triviales". La pregunta sería: ¿quién determina qué es trivial? Si lo hacemos nosotros estamos diciendo que nuestras mentes humanas y capacidad limitada es un estándar mayor de la verdad que la Palabra de Dios. Si nos ponemos por jueces de la Palabra de Dios decimos que sabemos más acerca de la verdad que Dios mismo.

Pero si negamos la inerrancia de las Escrituras entonces enfrentamos un problema moral. Si hemos de imitar a Dios ¿podemos mentir intencionalmente en asuntos triviales? Empezaríamos a cuestionar si podemos creer cualquier cosa que Dios nos diga. Si decimos que la Biblia se equivoca en los detalles menores, entonces la Biblia también podría estar equivocada en las cosas más importantes. Si no podemos confiar en la Biblia con las cosas pequeñas ¿cómo podremos confiar en la Biblia con los asuntos de vida o muerte?

Ya hemos leído y estudiado cómo es que la Biblia es la Palabra de Dios. Dios no miente y no nos engañaría haciéndonos creer en errores. El ataque a la inerrancia de la Biblia es en realidad un ataque a la autoridad de la Palabra de Dios. Si negamos la inerrancia de las Escrituras estamos acampando junto a aquellos que creen lo que les conviene, sencillamente porque ellos son la autoridad final de sus propias creencias.

Cuando tenemos un alto concepto de las Escrituras, su inerrancia, infalibilidad, suficiencia, autoridad e inspiración, estamos reconociendo la soberana supervisión de Dios durante todo el proceso y su maravilloso regalo de la revelación especial. ¡Él es la autoridad final!

Martes 24 de Mayo, 2016 | Jorge A. Salazar

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