Hay una lucha que me tiene estancada en el propósito que Dios tiene para mi vida; es la idea de si realmente somos aceptados por Dios o no. Me pregunto si todos batallamos con esta misma idea, porque a veces me he sorprendido haciendo cosas que no corresponden a una persona que cree en la verdad del Evangelio.

Platicando de estas cosas con una amiga, llegamos a un acuerdo bastante razonable: ella dejaría de rebatir mis puntos con “buenos argumentos” y yo dejaría de lado mis ideas preconcebidas de “lo que Dios opina o no de las personas”, específicamente de mí. Ella comenzaría a orar por mí y yo me propondría dejar que Dios sea Dios, es decir, dejaría de intentar decirle qué pensar, qué opinar y qué dictaminar acerca de mi.

Y es que ganarle a mi amiga con algún buen argumento, o que ella me gane a mí, la verdad es que no es cosa complicada, pero pretender conscientemente ser más astuta e inteligente que Dios mismo, es por demás estúpido de mi parte, así que acordamos de manera casi inmediata, que la mejor manera era dejando que la misma Palabra de Dios respondiera a mis “elocuentes, lógicos y humanoides razonamientos”.

Así fue que me dí a la tarea de hacer una lista con mis pensamientos y con lo que Dios dice acerca de cada uno de ellos… para mi sorpresa, al prender la tablet para comenzar a escribir, me apareció el versículo del día… versículo que de antemano me dejó sin defensa lógica:

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.(Isaías 55:8-9)

Con esto en mente comencé a escuchar la única opinión verdadera e inmutable, la de Dios.

Mis pecados son tan grandes que Dios no puede estar dispuesto a perdonarlos.


Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. (Juan 3:16-18)

Más cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro. (Rom. 5:20)

De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios. (Mateo 21:31b)


No hay manera de que el Señor realmente me perdone.


Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad (1Juan 1:9)

He sido tan horrible que Dios va a condenarme.


Cuanto está lejos el oriente del occidente,
Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. (Salmo 103:12)

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús (Rom. 8:1a)


He decepcionado a Dios, aún conociéndolo y diciéndome su hija sigo pecando, no va a perdonarme.


Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. (1 Juan 2:1)

¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados. (Miqueas 7:18)

Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. Hazme recordar, entremos en juicio juntamente; habla tú para justificarte. (Isaías 43:25)


Dios se va a arrepentir de darme Su salvación debido a mi maldad.


Dios no es hombre, para que mienta,
Ni hijo de hombre para que se arrepienta.
El dijo, ¿y no hará?
Habló, ¿y no lo ejecutará?

Si fuéremos infieles, él permanece fiel;
El no puede negarse a sí mismo. (2 Timoteo 2:13)


Soy la persona más sucia y pecadora, Dios no puede quererme a Su lado.


Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento. (Lucas 5:31-32)

Mi pasado es tan pesado que determina mi presente.


De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo (2 Cor.5:17-18a)

Algo va a pasar que me voy a separar del amor de Dios.


Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Rom. 8:37-39)

Dios va a abandonarme, va a déjame sola.


Él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente:
El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre (Hebreos 13: 5b-6)



Aún sigo luchando con mis pensamientos, y es que no es, por mucho, una batalla que tenga conquistada. Continuamente me asaltan mis ideas y “mis verdades irreales” y es común descubrirme a mí misma escuchando esas voces que insisten en determinar quién soy yo.

Sin embargo, soy consciente de que corro el riesgo de caer en la autojustificación y terminar nuevamente dictándole a Dios cómo debe ser Dios. Y únicamente gracias a Él, sé que puedo y debo regresar a la única verdad inamovible, inmarcesible e inmensurable, La Suya...

Lunes 8 de Agosto, 2016 | Aimeé Pérez

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