Si alguien anduviera gritando por las calles “¡mírenme, soy lo máximo!”, o si entraras a una reunión entre amigos y alguno de ellos de pronto te dijera esas palabras, inmediatamente lo etiquetarían de engreído, fastidio, absurdo, pedante y tantas cosas más… en el mejor de los casos la gente lo evitaría y trataría de no relacionarse con esa persona.

La verdad es que todos sabemos que ese tipo de actitudes son incorrectas. Lo llamamos soberbia, vanagloria, vanidad, complejo de superioridad o grandeza… y nos resulta molesto y hasta grosero.

Con gran sigilo ese virus se ha filtrado a nuestras vidas de una manera socialmente aceptable. Sí, lo adivinaste: el Facebook. Ahora no sólo es aceptable sino incluso es alentado que la gente presuma en Facebook su última comida, el vestido que está comprando, el beso que esta a punto de darle a la novia, la uña izquierda del pie derecho que “hoy me amaneció más bella que de costumbre”… ¡absurdo!

Cuando la Biblia nos dice que no nos amoldemos a este mundo, encuentro difícil una ilustración más clara que el Facebook. Incluso los ministros de Dios caen en las garras de este seductor blanquiazul. Ahora me ves predicando en Turquía, ahora en Afganistán, mañana en Nueva York… ¡vean qué famoso soy! Miren mi foto con el primer ministro de Gran Bretaña o al pie de la muralla china… ¡¿Qué es lo que nos está pasando?! Una cosa es compartir la Palabra y otra presumir nuestros logros.

Mira lo que dice la Palabra de Dios: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.” (1 Juan 2:15-17)

El pecado es tan sutil que incluso encuentra la manera de hacernos creer que estamos haciendo algo bueno, o que el fin justifica los medios. Te invito a ser valiente y reconocer cuando somos arrastrados por el torbellino de nuestros deseos, o la tendencia de este mundo, o lo que la gente admira “porque todos los hacen”.

¡Seamos la diferencia como Hijos de Dios en medio de una generación perdida y con gran necesidad de significado en Cristo Jesús!

¡Dios te bendiga!

Octubre 10, 2016 | Jorge A. Salazar

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